Hoy ha sido un día lluvioso y nublado, aunque me da un poco de melancolía, los días así los disfruto mucho.
Cuando estoy a solas me siento un rato y veo por la ventana, tal vez con una taza de té en la mano y mi cuaderno. Se me vienen un montón de recuerdos encima: entonces me da por escribir.
¡Ah, recordar!...
¿A quién no le da por traer los recuerdos al presente?, O más bien, ellos sólos llegan y se estacionan frente a tus ojos sin que puedas hacer nada.
Algunos de mis recuerdos duelen un poco, otros, sin embargo me sacan una sonrisa o un suspiro.
Como cuando pienso en mis padres y mi niñez a su lado, en las peleas con mis hermanos o en las pláticas por las tardes con los vecinos. Los niños jugando en la calle cuando los días eran todavía tranquilos y ese olor a carne asada los fines de semana cuando las familias acostumbraban reunirse para salir un poco de la rutina.
Mis abuelos sentados en la terraza saludandome al pasar y ni que decir de las visitas a su casa donde casi permaneciamos mis hermanos y yo la mayor parte del tiempo, disfrutando de un chocolate caliente y unas gorditas de azucar cuando el frío calaba hasta los huesos. ¡Esos recuerdos son los que valen la pena conservar!
Es otoño, mi estación favorita del año, tal vez porque así como los árboles tiran sus hojas hasta quedar completamente desnudos y frágiles, para después llenarse de nuevos retoños que los harán reverdece com más fuerza. así lo hago yo al deshojarme y desprenderme de mis recuerdos, los que duelen y estrujan el corazón.
Ya las hojas secas de los árboles han caído por completo, húmedas y con ese color tornasol con delicados tonos amarillentos y rojo cobrizo que hacen ver el paisaje mas bonito.
Vuelan las hojarascas con el viento como vuelan lejos mis pensamientos... sonrío y digo para mis adentros. ¡Qué tiempos aquellos!
"Recordar no es malo, siempre y cuando no te quedes estacionado en el pasado".
Suspiros de mi corazón
– Silvia Díaz