jueves, 5 de marzo de 2015

Quédate


 Me sentí dichosa cuando por primera vez y sin pedirlo sus labios tuvieron la necesidad de ir en busca de los míos,
me sentí en el cielo cuando acarició  mi cuerpo con un inmenso deseo y exploró cada espacio lentamente, apasionadamente como queriendo en ese instante detener el tiempo.
¡Quédate! me dijo... aún lo recuerdo,
quédate por que te amo, aunque que mis errores te han lastimado, aunque que por no saber cómo amarte antes, has llorado,
aunque por un descuido haya dejado los detalles, los besos y caricias por mucho tiempo olvidados.
Yo bese su rostro, me vi en sus ojos,
tomé sus manos, sentí nuestros cuerpos humedos quemandose por dentro de pasión y deseo. ¡Me quedo! le contesté... Porque a pesar de todo aún te sigo amando.
Se fundieron el amor y la pasión  en un exquisito deseo, sus manos nuevamente recorrieron mis pechos, mis caderas danzaron sobre él hasta dejarlo sin aliento y un gemido escapó de mis labios interrumpiendo al silencio.
Sentada sobre él con mis piernas enredadas en su cintura y mis brazos rodeando su cuello lo traje junto a mi pecho, sus dedos acariciaron mi espalda, su lengua pasó por mis senos. Fue un momento sublime lleno de amor, lujuria y deseo.
Fue exitante volver a sentirnos, volver a tenernos hacer el amor y no solo sexo. Su cuerpo embriagante, su aliento, su miembro en mi sexo, su piel y mi piel fundidas por completo.

Silvia Díaz.


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