Muchas veces me sentí perdida,
no le encontraba sentido a mi existencia.
Muchas veces me sentí tan vacía y sola, no me daba cuenta que me tenia a mi misma.
Muchas veces el dolor me ahogó en un profundo desconsuelo, no entendía cómo el llanto y la soledad me servirían de apoyo para purificar mi alma y así aligerar mis penas.
Muchas veces tomar malas decisiones me llevaron por el camino equivocado, no imaginé que perderme era necesario para poder reencontrarme.
Muchas veces me vi envuelta en malos amores, pasiones pasajeras y desilusiones, no supe cómo ni cuándo la vida me había recompensado con un amor que acarició mi alma.
Por mucho tiempo mi vida fue un caos, llena de altibajos, retos y sueños frustrados, no fue fácil entender que era necesario pasar por todo ese proceso
para poder crecer y ser fuerte, porque a pesar de lo que pasé aprendí a dar gracias a Dios, tanto por los momentos buenos como los malos.
Por mucho tiempo no quise ver que nunca estuve sola, había perdido ya mi fe hasta que acepté que Dios entrara en mi corazón y todo cambió.
Silvia Díaz
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