martes, 16 de febrero de 2016

Esa nostalgia de querer regresar a los lugares donde se quedó una parte de ti.
Recordar y revivir momentos, extrañar las caras y los brazos de quienes tanto te quisieron, recordar los labios de quien un día te besó. 

Se vale derrumbarse de vez en cuando, estar rota y dejar de ser fuerte cuando la tristeza te sobrepasa.  
No hay un manual a seguir para conseguir la eterna felicidad, ni mucho menos para olvidar, no hay un lugar en donde esconderse cuando la nostalgia toca tu ventana. Y entonces descubres que eres vulnerable, que el pasado no se borra por completo cuando los recuerdos caen como lluvia ante tus ojos.   
Se vale huir, escaparte lejos, caminar sin rumbo, llorar y sonreír... sentir y recordar, porque al fin de cuentas estás viva.

Silvia Díaz

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