Hablaré despacito para que nadie pueda escucharme pronunciar su nombre, ocultaré muy hondo mis deseos de querer enredarme entre sus brazos y desviaré la vista cuando lo tenga cerca para que nadie sepa, para que no se enteren que es él quien provoca esta inquietud en mi.
Cerraré muy fuerte mis labios para que no pidan a gritos sus besos y ataré si es posible mis manos para que no intenten acariciar ni un solo centímetro de su cuerpo.
Rogaré al cielo que no llegue la noche para no buscar su silueta entre mi cama, abriré las cortinas para que cuando la aurora caiga, entre una dulce sensación de calma por mi ventana.
Ahogaré este vicio que tengo de pensarle y extrañarle... Porque de nada sirve querer, de nada sirve amar cuando para un amor no existe el mañana.
Silvia Diaz.
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