Siempre la extraño. me hubiera gustado abrazarla más y decirle cuanto la quiero.
Hacerle saber lo orgullosa que siempre he estado de ella, que agradezco sus desvelos y cuidados, que extraño sus manos cariñosas las que con tanto amor de pequeña me arroparon, esas manos protectoras que el tiempo ha ido arrugando. Ahora que la tengo lejos decírselo no es lo mismo porque no puedo verla a los ojos, esos ojos que reflejan sufrimiento, por los años, las ausencias, por los golpes que la vida le ha dado: ¡pero aún así sigue siendo una guerrera! y eso es lo que más valoro y de ella siempre he admirado. No se quiebra, no se rinde a pesar de las tormentas por las que su corazón ha pasado.
La vida no es injusta, lo somos nosotros porque nos ha dado todo a manos llenas y en su momento no sabemos apreciarlo.
Los recuerdos se hacen nudo en mi pecho al pensar en el pasado, ahora se que Dios nos regaló solo un tiempo juntas para después hacer mi propia vida lejos de ella, hasta que volvamos a juntarnos.
"Aunque hoy no esté ahí, prometo estar cuando la vida me de la oportunidad de volver a abrazarla y entonces... jamás la soltaré."
Silvia Díaz
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