lunes, 14 de diciembre de 2015

Asumir con dignidad que ya no era la joven de antes no fue nada fácil y aunque el tiempo fuera dejando estragos en su rostro y arrugas en su piel, aún conservava intacta la juventud en su alma.
Entonces aprendió a ser fuerte para que ella lo fuera.
A amarse día a día para que ella se amara.
A ser segura y sentirse cómoda cuando se veía al espejo para que ella al verla se sintiera orgullosa y dijera, ¡Quiero ser como ella!
Porque toda juventud se acaba y las arrugas llegan mientras los años pasan. Le decía: lo que los años no te pueden arrebatar jamás es la juventud que habita en tu alma.

"Para ser completamente feliz es preciso quererte, amarte y aceptarte tal como eres hoy y como serás mañana."

Silvia Díaz

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