Cuando empecé a luchar por mi misma por lo que quería me di cuenta que podía conseguir lo que antes me parecía imposible.
Que los sueños ya no me quedaban chicos y que de nada servía guardar los intentos en los bolsillos, porque de apoco los iba dejando tirados en el camino.
Hoy el miedo a luchar me ve desde lejos, porque ya no temo, porque la guerrera a resurgido con más fuerza desde adentro.
Ahora soy tan libre como el ave y me doy permiso de recibir lo que merezco, ahora soy la mujer que lucha sin miedo a morir en el intento: "porque aquél que muere es el que día a día deja colgados sus sueños en el ropero".
Y me bastó mirarme y darle la espalda al fracaso, dejé fluir mi alma desenredando de a poco los estragos que la cobardía había dejado a su paso.
Silvia Díaz
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