Él me ceduce, me llena de deseos, atrapa mi mente logrando habitar en mis pensamientos.
Él rosa tan solo un poco mis labios con la yema de sus dedos, que mi corazón se acelera y mi entrepierna explota con ese calor inigualable que le provoca su carne dura a mi sexo.
Él ha pervertido a mi lujuria despertando a una diabla, ha deshilado uno a uno mis pudores por más escondidos que estuviesen, me envuelve con su verbo sucio y me vuelve desinhibida cuando me calienta hasta tocar el punto donde me estremece.
Él... es un maestro en las artes del amor y un experto al follarme. ¡Él es mi señor y de sus manos no deseo librarme!
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