Como una niña indefensa me acogiste en tus brazos, diste calor a mi alma marchita y después de mucho tiempo mis manos ya no estaban vacias, volví a vibrar, volví a sentir que no estaba sola.
Me devolviste a la vida, volaron mis pensamientos en la nada, cerré mis ojos y por un momento pude sentir el cielo entre mis brazos.
Silvia Díaz
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