enciende cada parte de mi con el solo roce de la yema de sus dedos;
sigilosos,
dulcemente educados,
perversamente expertos,
sensualmente atrevidos.
Sus manos conocen cada una de mis cavidades,
saborean mis fluidos,
acarician mis lunares,
me arrancan los miedos,
han recorrido infinitas veces la frontera entre mi vientre y mi sexo
y se estacionan ahí donde saben bien cómo provocarme y sacarme los orgasmos menos esperados y los más placenteros.
Caí en sus manos
de hombre fuerte y rudo,
pero que al contacto de sus dedos en mi piel me hacen vibrar como una hoja al viento,
la combinación de delicadeza y lujuria cuando se posan sobre mi
encienden un fuego incesable entre mis piernas,
calmando así,
la necesidad que siento de que me posean.
Sus manos se ven tan bien sobre mi cuerpo,
se sienten tan exquisitas,
tan grandes y fuertes que me siento tan segura cuando mis inseguridades quieren aparecer,
que disfruto sentirlas explorándome,
recorriéndome,
hundiéndose en las profundidades de mi ser.
Antes solían intimidarme,
pero ahora que las conozco así como ellas me han conocido y han sabido memorizar las partes más sensibles de mi cuerpo,
solo deseo ser tocada por ellas;
este hombre,
¡mi hombre!,
aún con las manos más rudas
puede hacer con ellas sobre mi piel;
la poesía más bella.
Texto:
— Silvia Díaz ©®️
Respeta el autor, no lo quites. 📖✍🏻Suspiros de mi corazón, poesía de mi alma
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